31 de mayo de 2011

"El siglo XVII fue de las matemáticas, el siglo XVIII el de las ciencias físicas, el siglo XIX el de la biología y nuestro siglo XXI es el siglo del miedo..."

¿Es cierto esto?, Podríamos decir que sí; ya que la ciencia y la tecnología han tenido tanto auge, tanto desarrollo que hoy en día muchos temen que la ciencia y la tecnología lleguen a destruir el mundo. Muchas personas lo ven de la siguiente manera, ¿Cuántas personas han muerto en accidentes automovilísticos?, Si la ciencia y la tecnología no los hubiesen creado no hubiesen ocurrido. Pero dejan atrás la otra cara de la moneda, ¿Cuántas personas se han salvado gracias al transporte automovilístico? ¿Cuánto tardaríamos en trasladarnos de un lugar a otro?, Si no se hubiesen desarrollados estos inventos. Lo que une a la ciencia y la tecnología con la sociedad son las necesidades y los deseos de la sociedad.
Son muchos los que consideran la ciencia como una amenaza y no solo en nuestros tiempos, sino desde hace muchos años, es el típico caso de Galileo quien fue condenado por el Papa, ya que este consideraba que su nuevo método de considerar la verdad constituía un gran desafío a la autoridad tradicional. Aunque muchos consideran que esto se debe a que la sociedad no tolera aquello sobre lo que no dispone información o simplemente que no lo puede comprender. Hoy en día, la tecnología es parte del sistema de vida de todas las sociedades. La ciencia y la tecnología se están sumando a la voluntad social y política de las sociedades de controlar sus propios destinos, sus medios y el poder de hacerlo. La ciencia y la tecnología están proporcionando a la sociedad una amplia variedad de opciones en cuanto a lo que podría ser el destino de la humanidad.
Manuel Elkin Patarroyo

“Insertar la ciencia en la sociedad es un proceso de generaciones”
Patarroyo puntualiza sobre la evidente relación dialéctica entre los avances científico-tecnológicos y el progreso de la sociedad como un todo orgánico e indivisible. Aunque considera inalcanzable la distancia que separa a los países industrializados de aquellos en vías de desarrollo, cree indispensable estimular la ciencia en América Latina y potenciar la reflexión en la colectividad; esto último, a través de los medios de comunicación social.
Siendo la fibra que mueve al mundo contemporáneo, la ciencia se ha convertido, con el transcurrir de los años y el devenir de una realidad más compleja, en un factor de elevada importancia para los países no industrializados que no aminoran su carrera hacia la conquista de su propio desarrollo. Sin embargo, esta estupenda herramienta -producto del intelecto humano- no puede ser considerada como un bastión de equilibrio con respecto a las naciones capitalistas avanzadas pues, como lo sostiene el propio Patarroyo, “esa brecha (entre los desarrollados y los subdesarrollados) nunca se va a poder cerrar. Es imposible. Eso es un espiral en donde la sociedad se nutre de la ciencia y, a la vez, la ciencia se nutre de la sociedad. Es un proceso en el que las dos están empujándose. Por eso toca insertar la ciencia dentro de la sociedad. Mientras aquí estamos pensando en la investigación de una charca nada más, los norteamericanos están pensando cómo logran bajar las imágenes de los robots que pusieron en Marte. Eso significa que la distancia es abismal”.
Distancia que, a pesar de ser gigantesca, no limita ni cohíbe la activación tecno-científica de los diferentes pueblos de América Latina. “No es fácil hacer ciencia aquí”, afirma Patarroyo, “pero vale la pena hacerla por las enormes necesidades que tienen nuestros países. Si nosotros no resolvemos nuestros problemas, nadie nos los va a resolver. Tenemos que aceptar y asumir una posición hacia nuestros conflictos”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario